Temas de Interés
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La Cultura: Ámbito de Unión y Proyección al Futuro*
La cultura, en estos tiempos, se define en términos de servicios, y los servicios se miden con la vara de la tecnología. No se ha resuelto, sin embargo, el enigma de quién sirve a quien, o para qué lo sirve. ¿El individuo es una pieza más, descartable, en el engranaje del Estado y las corporaciones? ¿Y la red –o las “autopistas de la información”, como prefiere llamarla Bill Gates– es un tejido que convierte en mercado todo lo que toca, incluyendo el individuo y la cultura?
En un mundo cada vez más diferenciado, más desigual, la información tiende a igualarlo todo: mientras por un lado no resuelve el problema de la dignidad de la vida –de los accesos a la salud, a la educación, a la vivienda, al trabajo–, lo que crea un abismo entre los seres que viven dentro de la modernidad y los que continúan fuera de ella, por el otro lado tiende a limar los bordes de las culturas subalternas y a crear una cultura homogénea, en la que sólo unos pocos hombres pueden reconocerse. Resolver este conflicto es el desafío central de los siglos que vienen.
En algunos lugares aislados, el conocimiento electrónico ha desplazado al libro. Eso no es una mala señal, pero sólo si se toma conciencia de que el libro, en el que está la memoria de la humanidad, es un bien insoslayable. Si suprimiéramos el libro –cuya muerte han vaticinado los mismos que predicaron el fin de la historia, de la novela, del cine, del socialismo, y hasta el fin de las religiones– correríamos el riesgo de que un apagón inesperado, un virus sin remedio, sieguen también los recuerdos de la especie.
En los archivos nacionales de Washington D.C., los técnicos se alarman porque han acumulado demasiada información virtual, y millares de documentos que tienen sólo quince años resultan ilegibles para los programas actuales, mil veces más rápidos. La decisión oficial de copiar en papel las fotografías y los textos que realmente interesan, reconoce así la función redentora que las hojas impresas tuvieron siempre en la cultura.
El libro es la fuente primaria de todo conocimiento y de toda investigación. Refleja lo que pasa de manera permanente, porque alimenta a todos los otros lenguajes: el de la televisión, el de la radio, el del Internet o de los CD roms, que deben ser actualizados año tras año, mes tras mes. La información de los libros es perpetua: fija en la memoria los relatos de la especie humana, los datos que dan cuenta de su evolución y de sus tragedias. Somos lo que los libros dicen que somos.
Es preciso poner el conocimiento al alcance de todos. La gente lee más en estos tiempos, es cierto. Pero los que leen más son, en términos relativos, muchos menos. Al ritmo que llevan las desigualdades sociales, podríamos asistir a la paradoja de que una biblioteca entera se condense en un solo CD al que tendría acceso sólo un porcentaje ínfimo de los lectores potenciales. Todo el conocimiento humano podría caber en una mano, pero esa mano no sería la de todos los hombres.
En esencia, lo que nos equipara no es todo lo que sabemos sino, más bien, todo lo que ignoramos. En esa orfandad del universo global, el libro y la red que nace de él es nuestro único vehículo de entendimiento. Lo que a lo largo de la historia han hecho las armas para separarnos y devolvernos al pasado, ha sido compensando por lo que la cultura ha hecho para unirnos y situarnos en el futuro. En este escenario nos toca hoy a todos responder al interrogante ¿cómo podemos utilizar los recursos que nos ofrece Internet para profundizar, consolidar y expandir la cultura como nexo de solidaridad y crecimiento entre nuestros pueblos??
Tomás Eloy Martínez
Editor Invitado
Director del Programa de Estudios Latinoamericanos
Rutgers University, New Jersey (EE.UU)
*Las ideas, afirmaciones y opiniones expresadas no son necesariamente las de la OEA ni de sus Estados miembros. La responsabilidad de las mismas compete a sus autores.
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