March 23, 2017
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La Educación
Number: (123-125) I,III
Year: 1996

Billiken: La revista de los niños

Billiken, en el momento de su lanzamiento, 19 de noviembre de 1919, no se parece ni remotamente a la revista que aún hoy continúa publicándose, ni siquiera la que podemos recordar: no es una revista escolar, sino una revista para niños. Lleva como subtítulo La revista de los niños y no revista educativa, de la escuela o para la escuela. La tapa del Nº 1, tantas veces reproducida a lo largo de su historia y convertida por eso mismo en una especie de símbolo de la misma, está dedicada al “campeón de la temporada”: el modelo infantil menos compatible con la escuela de ese entonces —y también de la actual— que uno pueda imaginar. Se trata de un muchachito con aire provocador, absolutamente desaliñado, con un parche en la cabeza y una pelota debajo del brazo. Esta aparente contradicción entre la imagen sacralizada de los héroes de la patria que todo argentino se ha formado en la infancia a partir de las páginas del Billiken y esta otra, tan irreverente, nos lleva a pensar en una estrategia poco lineal y seguramente plagada de fisuras.

El Nº 1 de Billiken impresiona por su calidad gráfica, especialmente si se la compara con otras revistas de la época que podían, en alguna medida, compartir su público, como es el caso de Tit Bits o Colorín Colorao.6 Es un tabloide con tapa de papel ilustración e impresión en varios colores, con algunas páginas interiores impresas a dos o tres colores y con un dossier central de fotografías en papel ilustración. Tiene una diagramación muy abierta, con dibujos intercalados (algunos de publicidad) y varias historietas. Se parece, en fin, a las revistas para adultos más prestigiosas de la época: El Hogar, Atlántida y la pionera Caras y Caretas (aunque esta última tenga un formato más pequeño). También se parece en el precio: 20 cts., que salvo algunas excepciones como Tit Bits o Iris (que se publicita en Billiken como “siete cuentos por 10 cts.”), parece ser el precio generalizado de las publicaciones semanales de la época.7 Sin embargo son muchas las referencias que aparecen en la revista acerca de los niños “que no pueden comprar Billiken”, los pedidos que se hacen a los lectores para que la presten a sus compañeritos “pobres” y el envío de ejemplares a las escuelas sin recursos que así lo soliciten. Todo lo cual nos hace pensar en una publicación que oscila permanentemente entre la pretensión de masividad y una estrategia que apunta a la exclusividad y la distinción como garantía del buen gusto, lo cual se ve enfatizado por la mención constante del “pobre” como un tercero y el énfasis puesto en la distribución —no venta— de la revista entre ellos.

La distinción descansa, en buena medida, en una presentación cuidadosa y “moderna”. Los comentarios que registra la revista después de su aparición insisten en este dato.8 Que la editorial Atlántida no era indiferente a la calidad gráfica de sus productos es algo obvio, cuando sabemos que es uno de los pivotes sobre los que se apoya su éxito. También pareciera estar generalizada en la época la idea de que los niños eran más sensibles a la materialidad del libro y al uso de imágenes.9 Pero es interesante que varios de estos comentarios pongan en contacto “el buen gusto” de “la presentación” y “el material de lectura”, como si uno fuera resguardo del otro. En este sentido son útiles los fragmentos citados en el Nº 2, de La Argentina y de La Capital de Rosario:
Billiken. Acaba de aparecer en esta capital un semanario infantil así titulado, al que con justicia puede aplicarse la conocida frase “que viene a llenar un vacío”. Su presentación y factura, el conjunto de material de lectura y gráfico y las notas que con profusión campean en las numerosas páginas que contiene, hacen de esta publicación un verdadero “magazine” infantil, el ideal de los niños.

El señor Constancio C. Vigil, que en cierta ocasión fundó el inolvidable “Pulgarcito”, debe merecer hoy los plácemes de nuestra población infantil, que por fin ve algo muy apropiado a ella que la alejará a buen seguro de las lecturas nocivas de fantasmagorías y aventuras inadecuadas que corren impresas por ahí. (La Argentina, el subrayado es mío).

Si muchas han sido las tentativas de lanzar a la circulación una publicación destinada a los niños, pocas, en verdad, consiguieron mantenerse en la lucha, pereciendo al poco tiempo. Y es que una revista infantil requiere una presentación especial que en la mayoría de los casos no se tiene en cuenta, haciendo de las publicaciones meras revistas de narraciones novelescas sin mayores atractivos. (La Capital de Rosario, el subrayado es mío).
Son muchos los elogios hechos a Billiken, la presentación es uno de ellos y —algo que está íntimamente ligado a lo anterior— su ubicación dentro del mundo de los magazines. Y esto implica la consideración de Billiken como algo serio (en realidad, el sólo hecho de dedicarle un espacio crítico a una publicación infantil es sumamente significativo) pero también implica la valoración de su variedad. Billiken no es una revista de cuentos, narraciones e historietas. Es un magazine. De hecho, Billiken también trae naraciones novelescas y éstas son un ingrediente importante dentro de la ecología de la revista. Pero lo que se destaca es que Billiken viene a llenar un vacío, y a cumplir un deber moral:

Porque la revista dirigida y editada por Constancio. C. Vigil, educa al par que divierte y será la amiga de todos los niños; será la cooperadora de todas las madres en la difícil tarea de desarrollar y educar la inteligencia y el alma [La Fronda dice que también educará “los gustos”] de los futuros ciudadanos de la República. (La Patria degli Italiani)

Lo que estos comentarios están destacando —la selección de Billiken no es aleatoria— es casi un contenido programático: una publicación que coopere con la educación, alejando efectivamente a los futuros ciudadanos de las lecturas nocivas, ofreciendo a cambio un producto realmente atractivo, “pletórica”, en fin, “de amenidad e interés”.10 Esta tensión entre el interés de los padres y los maestros por la educación, y el interés de los niños por la diversión y el entretenimiento es una constante en la revista, no siempre resuelta con la fórmula de “entretener educando”.11 En este sentido, la presentación de la revista se muestra como un primer dato imprescindible para lograr lo uno y lo otro, en una sociedad y en una escuela donde lo que se muestra es señal de lo que se lleva adentro.
Nunca vistas con descuido,
que en la sociedad deshonra
como una mancha en la honra
una mancha en el vestido.12
El consejo del Monitor de la Educación, tantas veces reiterado directa o indirectamente en Billiken forma parte de un clima en el que mantener el guardapolvo blanco, los cuadernos sin mancha y coleccionar una revista cuidadosamente editada tenían implicancias higiénicas pero también morales.

El Nº 1 de Billiken ya es una publicación definitiva: se encabezan varias notas como secciones fijas que en algunos casos duran años, aparecen numerosos recuadros (muy de moda en la época) invitando al lector a sugerir ideas o a efectuar colaboraciones, se anuncia el espacio que se le ha asignado. Esto no significa que no tuviera flexibilidad: la vigencia de Billiken durante tantos años es la mejor prueba de ello, pero el hecho es que no hay cambios notables en esta primera época. El primer formato es un éxito.

Señalamos recién que parte de la fórmula radicaba en su cuidada modernidad gráfica. A esto se sumaba la estrategia de la omnipotencia: Billiken lo abarca todo en el mundo infantil porque es única.13 Y esto implica ocupar todo el campo, abordar todos los temas, todas las necesidades, todos los públicos, con los límites obvios que la moral, las buenas costumbres y el buen gusto imponen. Así, ya en el Nº 1, se explica quién es Billiken y se fotografía a sus amiguitos en las plazas, se les hacen guiños a los chicos desde los chistes y se los amonesta desde los cabezales, se les habla a las madres “en provecho de los niños” y a estos se les ofrece desde cuentos de hadas hasta indicaciones para construir un periscopio, pasando por fábulas, biografías y curiosidades. Billiken se lanza al mercado “a llenar un vacío” y lo hace con la clara intención de no dejar lugar para nada, ni para nadie. De allí esta estrategia que tiene que ver con la conciencia de estar fundando un campo que se desea delimitar concienzudamente con el objeto de que nada se escape de sus manos. En este sentido son interesantes las notas que en distintos números, pero siempre en el dossier central de fotografías, Billiken dedica a mostrar cómo se hace Billiken, cómo se distribuyen los ejemplares de Billiken, cómo se divierten los niños con Billiken (donde los epígrafes de las fotografías aclaran qué hacen los lectores con cada una de las secciones), cómo Billiken va a la escuela, etc. Nada se deja librado al azar, ni a interpretaciones erróneas. Billiken inscribe su recepción. La revista sale de la redacción, organiza festivales infantiles para carnavales; el primer premio es un nene disfrazado de “campeón de la temporada” y la foto parece un calco de la tapa del N° 1. En 1921 se comienza a fomentar la creación de Comités Billiken, que rápidamente se extienden a todo el interior del país, Montevideo y Asunción. Luego la revista publica las fotografías que sus integrantes le envían y publicita sus acciones, se escriben obras de teatro que los tienen como escenario y de ello resulta una especie de círculo cerrado donde todo parece volver a comenzar. De la misma manera, Billiken busca instalarse en la escuela: promueve que los directores envíen sus cuadros de honor para ser publicados, consigue permisos oficiales para tomar fotografías dentro de los establecimientos.

Con una estrategia muy típica de la época: incentivar la participación/complicidad del lector, interpelarlo constantemente, Billiken se instala en el mercado como publicación y como noticia. Crea un discurso, pero también conforma a su público y a sus materiales. Lo controla todo. O eso intenta. Mostrándose, “abriéndose” a la comunidad, no hace más que cerrarse sobre sí misma.

Las secciones fijas de Billiken corresponden a cuentos tradicionales (Rincón de las hadas, Cuentos para los más chicos), curiosidades sobre los más clásicos de esos cuentos (Los héroes de la fantasía), biografías (La infancia de...) pequeñas obras de teatro (Teatro Billiken), historietas, o secciones firmadas (en la primera época por seudónimos femeninos únicamente) en las que un personaje se ponía en contacto directo con los chicos, ya fuera para contarles una historia, los acontecimientos de la semana o enseñarles a realizar alguna manualidad (Carta a todas las..., El Colegio de la Señorita Pin, El taller de la Señorita Flora, Mamá Catalina se pone las gafas para contestar a los niños). Salvo las Efemérides, que también aparecían en otras revistas para adultos, no hay en los primeros números secciones de posible utilidad en la escuela. Billiken, ya lo dijimos, es la revista de los niños y el hecho de que la revista aparezca en noviembre, estando tan próximo el receso escolar del verano (en la Argentina comienza en diciembre) es un dato imprescindible en la reconstrucción de su estrategia de mercado, estrategia que no abandona a pesar de su aparente escolarización. En el Boletín semanal de la Editorial Atlántida (un pliego interno que la editorial empieza a imprimir en diciembre de 1932), son numerosas las recomendaciones de este tipo:
Billiken. Entre las series ilustradas, continúa publicando las extraordinarias aventuras de “Chang”. Las vacaciones, en las que los niños tienen mayor tiempo para recreo, son momento oportuno para aumentar la venta. Atención.14
De todas maneras, las aventuras siempre están en contacto con curiosidades científicas, notas de actualidad sobre nuevos inventos y descubrimientos, referencias históricas, etc. Notas que, sin ser para la escuela, se acercan a la misma por sus contenidos, son educativas en un sentido más laxo, o simplemente de divulgación y entretenimiento. En ellas se incorpora la actualidad periodística, en un sentido estricto, y científico o de divulgación y creo que es desde esta zona que Billiken ha incorporado a la escuela algo diferente y específico, que no era —ni es— posible encontrar en los libros de texto, y que en otros medios se encontraba de manera más dura. En notas como la que hemos mencionado “La vida normal de los insectos”, subtitulada “Cosas que se pueden ver con el bioscopio” (Nº 1), el tema central de la nota es en realidad lo que el subtítulo menciona. La nota presupone por parte del niño el conocimiento de los insectos y de sus hábitos, pero aporta la actualización en este campo: quién inventó el bioscopio, en qué se diferencia del microscopio y qué revelaciones se han podido hacer gracias a su aporte. Aquello que no era posible encontrar en los textos escolares y resultaba “difícil” leer en revistas de actualización científica.15

Por eso resulta paradigmática una sección llamada “Cómo interpreta Jorgito lo que lee en los periódicos”, que aparecía en la página tres, y que en el Nº 1 es presentada de la siguiente manera:
Así como hay niños cuyo ideal son los juguetes, a Jorgito le da por la lectura. Apenas cae un periódico en sus manos, devora lo que contiene. Gráficamente presentaremos en esta página la interpretación que da Jorgito a las noticias que lee.
La operación de interpretación consiste en la traducción literal de una noticia muy breve a un dibujo. Por ejemplo, la noticia “Consejo Nacional de Educación. Esta tarde se reunieron los miembros de este cuerpo a fin de considerar diversos asuntos de importancia” se ilustra con un dibujo donde piernas, brazos y pies —miembros— sentados sobre sus respectivos asientos, se hallan reunidos; o “Buen Ojo será dirigido por el jockey Englander” se ilustra con un jockey montando un ojo con patas. Esta mediación forzada, con intención irónica, se vuelve más sutil cuando la intención ya no es el chiste. Jorgito es un personaje con rostro y actitudes propias, se trata de la óptica de un personaje, la lectura de la actualidad según Jorgito. En notas como “La vida normal de los insectos” o “Maravillas americanas”, el mediador es Billiken, pero no deja marcas de su función.

La operación más importante que realiza Billiken es la de convertirse en un “verdadero magazine infantil”, igual que los de los grandes, pero para chicos. Traducción del formato al público infantil y reconocimiento de la heterogeneidad de ese público. Los niños tienen diversos intereses: la escuela, la diversión, la información. Los niños no tienen todos la misma edad (hay secciones para los más chicos), ni tampoco el mismo sexo. Años más tarde, la Biblioteca Billiken propondría una colección de “Obras maestras en versión compendiada” y otra de “Divulgación amena de temas científicos, históricos y literarios”. Versiones compendiadas y divulgación, dos formas de traducción sobre los que Atlántida construye su relación con los niños y con la escuela.16 Versiones compendiadas y traducciones genéricas son las historietas históricas. Sin su ironía, las “figuritas” y las “Láminas Billiken” son interpretaciones gráficas como las de Jorgito, traducciones genéricas siempre tendientes al esquematismo de la historia y de la ciencia.

Qué hacían antes de la aparición de Billiken, niños, madres y maestros, es una pregunta indispensable. La pregunta de cómo llegó a formarse este público nos lleva necesariamente hasta la ley 1420 y la temprana escolarización masiva en la Argentina, con el consecuente desarrollo de la industria editorial.17 Esto no significa que en la Argentina de 1920 no existieran analfabetos, ni mucho menos. Es más, existía un porcentaje muy alto de inmigrantes que, en muchos casos, ni siquiera hablaban español. Sin embargo, la masividad de las publicaciones de ese momento, nos hablan de la existencia de un público lector.

Pero la aparición de Billiken, también nos lleva a indagar en una reformulación del concepto de niñez y de la necesidad de adecuación de las lecturas, en consecuencia, dice Sandra Carli:
En primer lugar, es posible sostener que en el período que nos ocupa (1890-1930) surge en la Argentina una sensibilidad por la infancia que fue explicitándose de diversas formas. [...] En términos generales podemos destacar que las concepciones de la época tendieron a asegurar para la niñez la construcción de lo que Frabboni denomina la identidad hijo-alumno, propia de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX a nivel mundial. Identidad de hijo en tanto “hijo” de una familia nuclear y “alumno” de una escuela pública, como agencias propias de una sociedad industrializada. En términos argentinos, estas condiciones sólo podían ser cumplidas por cierta parte de la población infantil. En lo que Alejandro Unsain denominaba “la otra mitad” (refiriéndose a aquellos niños con escasas posibilidades de acceder a la escuela: sobre todo niños obreros), confluían niños abandonados por la miseria y marginalidad de padres no incorporados al trabajo asalariado; niños huérfanos de padres afectados por la variedad de enfermedades de la época y la desatención sanitaria; niños trabajadores, desde pequeños obreros y obreras hasta vendedores ambulantes, hijos de padres que necesitaban contar en el presupuesto familiar con el aporte infantil; niños “de la calle” que oscilaron entre la mendicidad, los pequeños delitos y el vagabundeo”.18
Para Billiken “la otra mitad” es “el pobre”, aquel que sufre la miseria (pero que siempre es susceptible —ayuda mediante— de ser incorporado al mundo de “los nuestros”) aunque también es la foto de niños vendedores ambulantes, fotografía pintoresca, de ninguna manera testimonio del trabajo infantil. En cualquier caso, esta relación no se plantea como conflictiva. Hecha esta aclaración, que obviamente no carece de importancia, lo que nos queda es el hijo-alumno, aquel a quien se dirige Billiken y cuya identidad también contribuye a consolidar. Si afirmamos la existencia de este sujeto, la distinción entre una revista infantil y una revista escolar ya no es pertinente.19

Las publicaciones para adultos que en ese momento circulaban en Buenos Aires, dan cuenta del surgimiento de este nuevo sujeto. Caras y Caretas en 1919 tenía una sección fija de “Lecturas infantiles”, realizaba concursos para colorear dibujos, publicaba una historieta “para los niños” y fotos de “Nuestros amiguitos del interior”, de un “Festival escolar” o de una “Fiesta infantil”. Los niños no sólo aparecen en las publicidades, sino que algunas se les dedican especialmente (galletitas Bagley y bizcochos Canale, por ejemplo). El Hogar trae una sección “Para la gente menuda”. En el diario Crítica encontramos reseñas de films para niños, y en todas estas publicaciones hay fotos de estrellas infantiles de la pantalla. En fin, el niño ya tiene, en ese momento, un espacio propio entre los consumos culturales.

¿Qué trae de nuevo Billiken? Respecto de las revistas para adultos, obviamente la especificidad. Repite, eso sí, todas las fórmulas que Caras y Caretas había utilizado para dirigirse al público infantil y que sigue utilizando después de su aparición. Lo que hace esta última es integrarlas a una publicación que mantiene el mismo tono para “la gente menuda” a lo largo de todas sus páginas. No se debe entender por ello, sin embargo, que Billiken se permitiera el lenguaje usado por los niños. Habla para los niños, tal como sería deseable que ellos lo hicieran y sólo en algunas ocasiones se permite el ingreso de algún término de lo que suponemos el registro infantil de ese momento. Los distintos registros de la revista nos brindan información acerca de sus diferentes usos: una censura lingüística que no opera homogéneamente, pareciera hablarnos de notas para uso escolar y otras para entretenimiento de los chicos. Sólo quisiera apuntar por el momento que, en términos generales, el léxico de la revista no difiere excesivamente del que utilizan los libros de lectura para la misma época.

Respecto de las revistas infantiles, Billiken produce innovaciones notables. La de mejor presentación gráfica (entre las que he podido consultar), Colorín Colorao, no llega ni remotamente al nivel de la editorial Atlántida. Ofrece, además, por el mismo precio (20 cts.) mucho menos material y es como su mismo título lo dice una Revista ilustrada de cuentos para niños. En algunos cuentos cómicos el lenguaje es más suelto que en Billiken, pero quizás esto también se deba a una “carencia”: Colorín Colorao es la revista del tiempo ocioso de los niños (en las antípodas podríamos colocar los libros de lectura y, en alguna medida, Colibrí, una publicación de Aguila Saint que se autodefine como revista escolar). Una vez más, Billiken lo aborda todo.

A continuación, quisiera profundizar en una de las secciones de la revista con la convicción de poder extender varias de las conclusiones a todo el material revisado e introducir algunas categorías en un campo que no ha sido lo suficientemente estudiado. Se trata de la sección “La infancia de ...”, esto es, biografías de hombres ilustres que no ocupan más de una página y que definieron, sin embargo, cómo debía ser la vida de un gran hombre para generaciones de argentinos y, dada la circulación de la revista y los libros de la Colección Billiken en años posteriores, nos atrevemos a decir que también para muchos latinoamericanos.