23 de março de 2017
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Coleção:INTERAMER
Número: 29
Ano:1994
Autor: Josefina Zoraida Vázquez y Pilar G.Aizpuru, Comps.
Título: La Enseñanza de la Historia


El mito de la decadencia nacional

La idea de la decadencia nacional en el siglo XX se fue expandiendo entre los autores de textos escolares de historia a medida que avanzaban los años y los grandes problemas económicos y sociales del país no tenían una solución eficiente y rápida. De esta manera, una de las características de los manuales publicados hasta la década de 1960 fue la de sostener esa visión de la historia nacional, resaltando por el contrario la obra de los gobiernos conservadores y aristocráticos del siglo XIX, época de grandes adelantos materiales, éxitos internacionales, progresos culturales e intelectuales y expansión nacional en general.

En efecto, para los autores de textos escolares de historia de Chile que se publican a partir de los años 30, el presente siglo representaba una época de conflictos, de crisis y de cuestionamiento de los valores tradicionales que habían contribuido a la grandeza nacional en la pasada centuria.

Impresionados por las alteraciones del orden político y social y las dificultades económicas por que atravesó el país en las primeras décadas del siglo, y que ellos habían sufrido, valoraron en sus obras los años de estabilidad y progreso vividos bajo la conducción de los sectores conservadores y aristocráticos. De esta manera, la llegada al poder de la clase media, en los años 20, coincidía con el inicio de un proceso de decadencia nacional cuyo progreso se trataba de evitar a través de la enseñanza de una historia cuyo paradigma resultaba ser el régimen autoritario-progresista instaurado por Diego Portales en 1830.

Desde otro punto de vista, en la obra de estos autores se aprecia un estancamiento en relación con el método y la concepción de la historia presente en sus textos. En ellos ya no aparece con tanta fuerza la noción, planteada por Luis Galdames y Domingo Amunátegui, de que la historia era una obra colectiva y que en ella no sólo importaban las acciones de gobernantes y militares, debiendo el estudioso del pasado ocuparse también de los fenómenos sociales en general y de quienes contribuían a su existencia.

Al igual que los historiadores del siglo XIX, los nuevos tratadistas utilizaron la narración cronológica como método, resultando sus obras una verdadera crónica del pasado nacional, en la que los personajes son quienes hacen historia. Sin embargo, a diferencia de los primeros, éstos no profesaban la ideología liberal como posición ideológica. Más bien, al menos en su visión histórica, se acercaban a los sectores conservadores e hispanistas, que habían hecho su aparición entre 1920 y 1940, reaccionando frente a las transformaciones sociales y políticas ocurridas en el país por esa época.

Contribuyó también al positivismo de estos autores la permanencia de una estructura educacional anticuada que, pese a los esfuerzos por adecuarla a la realidad del Chile del siglo XX, persistía en su carácter tradicional. Esto se reflejaba en los fines, métodos y técnicas educacionales vigentes, desvinculados de los intereses de la sociedad, al ponerse énfasis en el dominio instrumental e informativo de las materias, en desmedro de los aspectos formativos necesarios para la constitución del carácter y la preparación de un individuo apto para enfrentar la vida del trabajo y contribuir al desarrollo del país.

Entre los numerosos autores que contribuyeron a divulgar el mito de la decadencia nacional en el siglo XX, el más destacado, por la influencia y proyección de su obra, fue Francisco Frías Valenzuela.

Profesor de historia y geografía formado en el Pedagógico, Frías Valenzuela se desempeñó como docente en algunos de los más prestigiados establecimientos de educación pública de Santiago, experiencia que unida a su erudición y capacidad didáctica, le permitió, en 1933, iniciar la publicación de textos de historia y de geografía, tanto de Chile como general.

Entre 1947 y 1949 aparecieron los cuatro tomos de la Historia de Chile y más tarde su Manual de historia de Chile. Gracias a estas y otras obras sobre historia general, Francisco Frías Valenzuela se transformó en el principal divulgador de la historia nacional y general a nivel escolar de la segunda mitad del siglo. Sus obras, desde su aparición, han tenido numerosas y sucesivas ediciones, incluso luego de su fallecimiento en 1977 y hasta el día de hoy.10

La Historia de Chile tenía como fin, en palabras de su autor, “colocar al alcance del público el estado actual de la investigación y de la interpretación de la historia nacional”, informando “sobre los problemas de nuestra evolución a aquellos que no pueden beber el conocimiento de nuestro pasado en la ya abundantísima literatura histórica chilena”. Sólo era “un ensayo de síntesis histórica”, en el cual se abordaban “separadamente los problemas fundamentales, aunque sin descuidar el entrelazamiento que necesariamente ha debido existir entre todos ellos” (Frías Valenzuela, Tomo I, 5).

Siguiendo el esquema de la Historia general de Chile que Diego Barros Arana había publicado entre 1884 y 1902 y la Historia de Chile de Francisco Antonio Encina editada entre 1938 y 1952, y sirviéndose de ambas, con una extraordinaria capacidad de síntesis, Frías Valenzuela organizó su texto sobre la base del relato cronológico del acontecer nacional, parcelando la historia de acuerdo con la acción de los personajes, de los gobiernos y de los hechos políticos y militares, incluyendo, al final de cada período histórico, un resumen del acontecer económico, social y cultural.

Con un criterio que por décadas se consideró muy pedagógico, expone clara y llanamente los hechos, unos tras otros, enlazados por relaciones de causa-efecto inmediatas y parciales, abarcando así desde “los orígenes” hasta el triunfo de “la izquierda en 1938”, en definitiva, “un inventario de todo aquello que a ciencia cierta sabemos sobre nuestro pasado y presente”.11

La visión de la historia de Chile que Frías Valenzuela expuso en su texto se centraba casi exclusivamente en hechos políticos y militares. Los sucesos políticos: constituciones, revoluciones, guerras, cambios de gobierno, ministerios, todos ordenados cronológicamente, ocupan la atención del lector. La sucesión de los gobiernos y sus respectivas obras constituye lo esencial, transformándose la historia en una simple ordenación cronológica de hechos aislados, que los alumnos debían aprender y memorizar, de acuerdo con las nociones educativas entonces imperantes.

Desde otro punto de vista, la historia que se presentaba era la de los sectores altos de la sociedad, una historia capitalina y gubernativa, en la que los grupos que no pertenecían a dicho estrato social, que no participaban del gobierno y que no habitaban en la capital, no tenían figuración. Es una historia basada en la acción de personajes y de héroes, resultando que extensos períodos del desarrollo nacional se caracterizan en función de tal o cual personaje, los que incluso otorgan su nombre a los mismos.

Se muestra también la historia del país como una historia en permanente inicio y término. En constante movimiento entre opuestos. De esta manera se habla de la Conquista, de la Colonia y de la República como etapas encerradas en sí mismas, con un comienzo, un desarrollo y un fin, sin mayor relación entre ellas. En el período republicano se habla de la Patria Vieja, la Patria Nueva, la Anarquía, la República Conservadora y la República Liberal, mostrándose como el país pasaba de una a otra etapa, algunas opuestas entre sí, sin detenerse a considerar los elementos de continuidad existentes.

En este contexto, el único hilo conductor que es posible advertir en la obra de Frías Valenzuela, como en la de los autores de su “generación”, es la trayectoria de una república hacia su decadencia, concepción que en la actualidad todavía tiene vigencia entre los chilenos, pese a los esfuerzos que, como consecuencia de los cambios operados en el país, de la evolución de la ciencia histórica y de las reformas educacionales implementadas a partir de 1965, han realizado algunos autores por revertirla.