27 de fevereiro de 2017
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Coleção:INTERAMER
Número: 29
Ano:1994
Autor: Josefina Zoraida Vázquez y Pilar G.Aizpuru, Comps.
Título: La Enseñanza de la Historia


La historia de los grandes procesos

El Chile de la década de los 60 era un país que comenzaba a sufrir los efectos de un proceso de consolidación democrática y desarrollo industrial que, si en el campo político había logrado importantes avances al incorporar a cada vez más sectores sociales al quehacer nacional, en el económico y social no había sido capaz de satisfacer las aspiraciones de todos los grupos que formaban la nación.

En este contexto, y como una forma de superar los problemas creados por la profundización de la democracia, se formularon planificaciones globales, una por cada sector político en que se dividía la sociedad, a través de los cuales se creyó que sería posible corregir los desequilibrios existentes y lograr el crecimiento rápido de la economía. Se pensó que sólo a través de reformas estructurales, como la reforma agraria y la reforma educacional, el país podría superar la condición de subdesarrollo en que se encontraba.

Paralelo al desenvolvimiento nacional y como consecuencia del mismo y de las influencias llegadas del exterior, la historiografía chilena presentaba en los años 60 una faz renovada. Una nueva generación de historiadores, formados en el Pedagógico en las décadas del 30 y del 40, habían comenzado a mostrar sus trabajos en los que aplicaban nuevos métodos y ampliaban los temas objeto de preocupación histórica. Influidos por la escuela estructuralista francesa y estimulados por los problemas que el país enfrentaba en su proceso de democratización y desarrollo económico, se habían abierto a los asuntos económicos y sociales, incorporándolos como objeto de investigación.

Buscando el sentido de la historia, la comprensión de los hechos, más que el relato cronológico de los mismos, identificando las grandes tendencias y procesos que viven los pueblos, la generación de historiadores profesionales del Pedagógico abandona definitivamente la historia cronológica, gubernativa, anecdótica, aristocrática, capitalina, localista, heroica y biográfica que caracterizaba a la historia tradicional, iniciando una nueva etapa de la historiografía nacional que, además, vino a coincidir con una reforma educacional de grandes proporciones.

En efecto, la educación chilena, que en 1960 todavía presentaba algunos de los problemas que se habían señalado a comienzos del siglo, como programas educacionales desvinculados de la realidad nacional y la dificultad de acceso del nivel primario al secundario y superior, fue objeto, a partir de 1965, de un profundo proceso de adecuación a la realidad nacional, modernizándola y democratizándola, transformándola en un instrumento del desarrollo económico y social, en agente de la formación de una personalidad democrática y productiva y de un ciudadano consciente de su rol en una sociedad en expansión.

La Reforma Educacional de 1965, basada en los principios de educación para todos; formación integral y responsabilidad social; formación para la vida del trabajo y el de educación como tarea de toda la vida, representó así la culminación de un proceso iniciado a fines del pasado siglo, a la vez que el comienzo de una etapa caracterizada por la concepción de la educación como un sistema relacionado con otros sistemas, como el social, económico, político y cultural, de manera que fuera una herramienta eficaz y a la vez motor del desarrollo del país.

En este contexto, desde entonces, se introdujeron nuevos métodos, técnicas y contenidos educacionales, los que en el ámbito de la enseñanza de la historia vinieron a coincidir con la renovación experimentada por la historiografía, todo lo cual se reflejó en los textos escolares y en la visión de la historia de Chile que éstos contenían.

La conjunción de ambos elementos se produjo en el Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas, organismo de naturaleza académica creado en 1967 para contribuir al perfeccionamiento del magisterio, la innovación curricular y la investigación pedagógica, en cuyo Comité de Ciencias Sociales e Históricas confluyeron expertos educacionales con algunos de los historiadores que contribuían a renovar la ciencia histórica en el país. Fruto de la labor de estos especialistas fue la aparición de textos de enseñanza de la historia nacional, en los que se recogían las nuevas tendencias educacionales e históricas.

Los nuevos manuales, que se proponían modificar completamente el tipo de obra utilizado hasta entonces en la enseñanza, incorporaban los últimos resultados de la investigación y las interpretaciones modernas de la historia, poniendo énfasis en los conceptos más que en los datos. En ellos se incluían también actividades, controles de comprensión y ejercicios, con un criterio educacional integral, pues no solamente se procuraba entregar conocimientos, sino también desarrollar aptitudes en el estudiante. Fruto de las concepciones históricas modernas que se aplicaban, la historia nacional aparecía conceptualizada en función de los fenómenos históricos ocurridos en América y Europa, y como la consecuencia de una acción colectiva en la que participaban todos los miembros de la sociedad.12

Entre los autores que por entonces iniciaron la elaboración de textos escolares de historia de Chile de acuerdo con las nuevas tendencias, Sergio Villalobos es sin duda el más destacado, por ser sus manuales los más difundidos y apreciados hasta el día de hoy. Sus libros, tanto para la Educación Básica como Media son los más conocidos por las últimas generaciones de estudiantes del país, a lo que sin duda ha contribuido el hecho de que, desde su publicación a partir de 1969, han sido considerados por el Ministerio de Educación material auxiliar de la enseñanza y distribuidos en las escuelas y liceos públicos de todo el país.

En ellos se reflejan las nuevas orientaciones históricas y educacionales de las que Villalobos es representante. De acuerdo con su concepción histórica, pone énfasis en los aspectos generales que explican los cambios en el largo plazo, en lugar del relato cronológico atiborrado de datos al estilo del manual de Frías Valenzuela. En esta línea, la historia económica, la social y la cultural forman parte integrante de sus contenidos, superando así ese carácter de agregado a la trayectoria básicamente política y gubernativa de los textos anteriores.

Sin prescindir de la narración informativa esencial, pero considerando la proyección general de los hechos masivos, anónimos y espontáneos, que conforman la trayectoria de una sociedad, Villalobos entrega “más que los datos, que hablan a la memoria, los conceptos, que hablan a la inteligencia”, reclamando para la historia un “papel auténtico en la cultura”, transformándola en una “disciplina que ayuda a pensar y formar el criterio”.13

Entendiendo la historia como una ciencia social y humanística, “cuyo fin es interpretar el pasado y extraer una enseñanza”, los textos de este autor ponen énfasis en el pensamiento que sintetiza, descubre líneas generales e interpreta, incentivando al alumno a ordenar sus conocimientos, comparar, discurrir y obtener conclusiones, es decir, a ejercitar su inteligencia más que su memoria. Es la historia concebida como experiencia válida, real y útil en la medida que da sentido a los hechos, que los interpreta y que gracias a ello obtiene un grado de generalidad, creando ideas y abstracciones, lo que, en último término, permite enriquecer el pensamiento y formar el criterio de las personas, proyectándolas hacia adelante, hacia el futuro.

Aplicadas estas concepciones a la historia, la visión de la historia de Chile que apreciamos en los textos de Sergio Villalobos es la de la nación en su totalidad, la historia del pueblo chileno, de los grandes procesos que lo configuraron y que más tarde han hecho posible su evolución económica, social, cultural y política, en el sentido —sostenemos— de una mayor democratización de sus instituciones.

Así planteadas las cosas, Villalobos rompe con la periodificación tradicional de nuestra historia, planteando una más comprensiva de la realidad nacional. En las etapas que presenta, que abarcan desde “los primeros pueblos” hasta la “historia reciente”, existe continuidad, todo forma parte de la trayectoria nacional, unas generaciones aportan a las otras, todas han contribuido a la creación de la realidad histórica nacional y todos sus integrantes son responsables de ella, especialmente quienes hoy, los lectores de sus textos, son los protagonistas del proceso histórico.

De esta manera, la historia nacional ya no es la trayectoria de una decadencia, ni obra exclusiva de un sólo sector social, por el contrario, ella está marcada por una tendencia hacia formas de convivencia cada vez más amplias y plurales, y de mayor justicia social y económica, en que el protagonista es el pueblo chileno en su conjunto y que, por lo tanto, hace partícipe también a quienes estudian esa historia, comprometiéndolos con el destino nacional.

Esta visión de la historia de Chile se vio enfrentada, a poco de formularse, a una realidad que no contribuyó a su divulgación y comprensión por parte de los escolares chilenos. El golpe militar de 1973 parecía desmentir la visión de la historia que los textos de Villalobos presentaban; y los rumbos que la educación chilena tomó a partir de entonces no facilitaron el entendimiento de ellos. Por el contrario, las nuevas circunstancias revalidaron concepciones históricas y métodos educativos tradicionales.